flor
Síguenos en Facebook

Encuadre de la consulta floral integrativa: Espacio, tiempo y honorarios en el ejercicio terapéutico floral privado, por Susana Veilati

Encuadrar es colocar una cosa o acción en un marco; algo pasa a tener un límite. En la consulta privada, la acción terapéutica floral se da en un marco que tiene un espacio, un tiempo, un costo y una ética. En fin, límites. Los límites son condición para que una transformación pueda tener lugar. "Sin límites en el ordenamiento de las relaciones la vida no haría más que diluirse en lo ilimitado" (Wilhelm, 1985). En la consulta floral privada se establecen límites para que se produzca el cambio terapéutico: El giro del paciente hacia la libertad de elegir y hacerse responsable de sí mismo. Este nuevo impulso en dirección a la autonomía es debido a lo que paciente y terapeuta floral conversan terapéuticamente -en un espacio y un tiempo-, y de lo que resulta de ello: nuevas percataciones y una fórmula de esencias florales para beber.

Por esto el paciente paga unos honorarios determinados de común acuerdo. Paga un servicio que le damos; espera un comportamiento terapéutico ético. Veamos pues la colocación de los límites en nuestra consulta privada y hagamos algunas puntualizaciones acerca de la ética de un Terapeuta floral Integrativo, entendiendo por ética no un código de normas, sino más bien una perspectiva para la reflexión práctica de nuestras acciones (Sabater,1998).

El tiempo: frecuencia y duración

El acto terapéutico en la Terapia Floral Integrativa (TFI), tiene lugar en el marco de una conversación de aproximadamente 50 minutos, con una frecuencia semanal o quincenal, en días y horas determinados con regularidad (p.ej. martes quincenal a las 12:30 horas, o jueves semanal a las 18 hs). Dos o cuatro encuentros terapéuticos cada mes. Hay excepciones, siempre las hay; por ejemplo, personas que desean tratarse pero que debido a sus actividades no es posible establecer una regularidad (viajantes, artistas, trabajadores a turnos alternos) en esos casos se determinan las visitas cada mes, de acuerdo al plan de actividades del paciente, y eso se considera un encuadre.

La frecuencia semanal o quincenal, u otra, se establece en función de la necesidad del paciente que será evaluada por el terapeuta. Esta necesidad a veces no coincide con lo que el paciente pensaba para sí "Yo quería venir una vez al mes", pero el terapeuta, después de escuchar las dificultades del paciente, opina que esa frecuencia es insuficiente y que puede hacerse cargo de su tratamiento si los encuentros son como mínimo quincenales. Cuando ello tiene lugar habremos de fundamentar nuestras razones que siempre estarán en función de la magnitud de lo que el paciente necesita tratar, y así se lo haremos saber. Siempre puede tomarse un tiempo para pensarlo. La frecuencia en las visitas no es arbitraria ni se decide "por norma", varía con relación a cada caso.

Hay personas que necesitan más de una visita semanal, las historias clínicas de Bach lo muestran prescribiendo cada 48 horas, y semanalmente una vez recuperado cierto bienestar (Bach, 1993, pag. 108), se trata de casos con gran sufrimiento físico, críticos. Pero en la consulta privada de terapia floral las urgencias no son la norma, hoy en día hay otros recursos para solventarlas que no estaban a disposición de la población cuando Bach pasaba consulta a principios del siglo XX. Queda pendiente para otro escrito una referencia al encuadre de las visitas a domicilio; respecto al tratamiento de los casos urgentes podéis leer "El acompañamiento floral de la agonía. Procedimiento sugerido para el trato con el enfermo terminal ingresado, la familia, otros asistentes, y los médicos" (Veilati, 2005) y "Para una idea de procedimiento de terapia floral con pacientes psicóticos" (Veilati, 2005).

De lo expuesto surge que cierto es que podemos establecer un tiempo de encuentro y una frecuencia, pero no la duración total del tratamiento que dependerá de la andadura del paciente y de la destreza terapéutica del TFI. Si un paciente nos pregunta por el total de encuentros terapéuticos que demandará, su tratamiento, es correcto responder que no lo sabemos pero que él siempre podrá elegir si continuar o interrumpir, en cualquier momento. El encuadre terapéutico es ambiguo: un compromiso preferentemente ineludible pero que siempre puede interrumpirse.

Es adecuado también proponerle un tiempo de observación, digamos tres meses, para que note si va encontrándose mejor que como vino; aunque esto puede prestarse a alguna confusión si no se revisan y evidencian las urgentes expectativas de bienestar inmediato que tienen algunos pacientes.

La reducción, por parte del TFI de las esperanzas de curación mágica, coloca al tratamiento en una situación favorable: permite al paciente advertir que la terapia floral integrativa opera desde los primeros encuentros: los pequeños cambios, las sutiles y positivas modificaciones en su modo de vincularse, en sus expectativas y aspiraciones, en su humor, y coraje para ser y estar en el mundo.

Las ausencias y retrasos

Veremos más abajo con un ejemplo, cómo el encuadre, el establecimiento de límites claros al encuentro floral, pone a prueba la aptitud del paciente y del terapeuta para llegar a acuerdos y compromisos, y la necesidad de sostener un espacio con características relativamente constantes que se hacen más evidentes cuando se rompen: no asiste y no avisa, avisa minutos antes que no asistirá, llega tarde, no paga, se equivoca de hora, de día… Justo por que algo es estable es que puede ser conversado con el paciente cuando lo altera. La modificación de una constante acordada dice algo de él, y como tal, será incluida en la reflexión de sí mismo que se produzca en la consulta terapéutica floral; no es de extrañar que una apropiada consideración sobre lo que implica esa ausencia, demora o equívoco, abra el campo a una nueva esencia floral de carácter fundamental. Las esencias florales apropiadas destacan en las acciones.

Las ausencias y retrasos (no estamos hablando de una cancelación debido a un fallecimiento u otros motivos que es importante contemplar como fortuitos) deben ser considerados por el terapeuta como llamadas de atención, en el sentido de que se está ante una acción concreta de ruptura de un acuerdo por parte del paciente; pero no tiene porqué serle presentado de esta forma; no se trata de decir "Has roto un compromiso". No. Sino más bien de ver qué es lo que el paciente no puede decir sino haciendo peligrar un espacio importante para sí, o poniendo a prueba o infringiendo contrariedad al terapeuta (que permanece esperando sin poder utilizar esa hora para comer, por ejemplo, y se queda pensando en su paciente más de lo habitual). La cuestión es si en la próxima entrevista podremos ayudarlo a que esa acción pueda ser puesta en palabras que expresen sentimientos e ideas, es decir, modos de vinculación. Veámoslo con un ejemplo.

Un caso clínico

Viene a mi memoria una joven de veinticinco años con sus dos padres fallecidos y tutora de su hermano de quince años que está con dificultades en los estudios; esto la agobia, no sabe cómo acompañar a su hermano, se siente sola e inexperta. Por otra parte, su tía está enferma y ella se hace cargo de visitarla diariamente. Es maestra y trabaja en un horario no demasiado exigente. Luego de la segunda entrevista convenimos en una modalidad quincenal, a partir de ese momento no asistió a los dos encuentros programados. En uno se despistó por razones familiares, así es que llama para disculparse; quedamos en otro. A la siguiente llama unos minutos antes de la cita para decir que ha acompañado a urgencias a su tía. La cito para otro encuentro, al que asiste; sin embargo no concurre al siguiente y no avisa. Llama a los 10 días diciendo que quiere un nuevo horario, no había podido venir a consulta porque su hermano llegaba esa misma tarde de un campamento organizado por la escuela.

Era evidente una ambivalencia (Scleranthus) entre su interés en hacer terapia floral (pide cita, llama para disculparse, insiste en su petición de horario) y sus ausencias siempre justificadas por "tener que asistir a otros" (Pino, Centaury), asistencia que la dejaba resentida con su familia porque no reconocían su buena voluntad ni la hacían objeto de similar preocupación "Me dejan sola con lo de mi hermano" (Chicory), y fastidiada consigo por no poder "asistirse" a si misma, descuidando el espacio que ella había abierto para sí a efectos de tratar los temas que tanto la afectaban y le producían angustia (miedo, llanto, profunda tristeza y autodepreciación).

Si yo continuaba aliándome con esta contradicción que ella representaba en su relación terapéutica conmigo -el paciente repite dentro lo que realiza por fuera de la consulta-, no le hacía ningún favor ni, mucho menos, estaba pudiendo gestionar mi lugar como su terapeuta, un lugar que se gana (lo que se gana es la confianza) sosteniendo en casi la totalidad de los casos un pulso terapéutico con el probable futuro paciente. Llevé su atención hacia su forma de perturbar su decisión de tratarse, señalándole el olvido de sí a favor de un modo "como-sí sacrificado" de atención a su familia (Chicory / Centaury) con el que alimenta su resentimiento (Willow) hacia la misma, y aclaré que a partir de ahora pagaría los encuentros a los que no asistiera porque tal compromiso es coherente con su intención de estar mejor y con la mía de tratarla.

El dinero así, me refiero a mis honorarios, deja de ser algo que yo quiero para mí, o que solicito como forma de compensar una contrariedad, para ser lo que es: un bien que ella entrega a cambio de un proceso de compromiso personal en la asistencia de sí misma y que yo recibo, entre otras cosas, porque ella me ha elegido como su terapeuta floral. Hasta el momento no ha incurrido en nuevas ausencias.

El dinero

Decía más arriba que en la duración del tratamiento interviene, claro está, la mayor o menor aptitud del paciente para ser paciente, me refiero a su plasticidad psíquica, la aptitud para ser su propio objeto de interés y saber, su deseo de sentirse cada vez mejor. Pero no deseo extenderme por ahora en una consideración del ser-paciente porque este escrito es una mirada puesta en el ser-terapeuta floral, concretamente, en el acto terapéutico que se produce en un marco: la consulta terapéutica floral integrativa, que se extiende en un tiempo y tiene lugar en un espacio; y por ello el terapeuta floral cobra unos honorarios.

Cobramos por nuestro trabajo porque nos interesa ganar dinero con lo que nos gusta. Hay quien gana dinero pintando o cantando; en nuestro caso el arte que nos anima es el de Quirón, el que aun enfermo cura. Decimos un dinero: 25 euros los que se inician, 50, 60 o más, los más aventajados, por poner algún número. Pero no es posible asignarle un valor numérico a la acción terapéutica que permite una transformación deseada por el paciente. ¿Cuánto cuesta reencausar la existencia hacia una vocación querida? ¿Qué precio tiene recuperar el diálogo y el cariño con un hijo? ¿Qué valor podemos adjudicarle a no continuar repitiendo la misma insensatez? Hay cosas que no tienen precio.

El terapeuta cobra por escuchar, interesarse, por favorecer la construcción de una realidad más satisfactoria para el paciente. El paciente paga para que le digan eso que puede escuchar porque paga. Pagar a un terapeuta por su paciencia, interés, acción terapéutica y profesionalidad, es una posibilidad que el paciente abre en su vida para poder sentir, pensar, conmoverse, reírse de sí y descubrir nuevos modos de existir y narrarse, en un espacio y tiempo significativos y pautados, por los que entrega un precio simbólico que le permite decir aquello que solo al terapeuta dice ("No hablo de esto con nadie"). Afortunadamente existen los terapeutas: hay fantasías, odios, deseos, historias, ideas y pensamientos, desesperaciones… de las que es mejor cuidar a los que amamos y las conversemos y tratemos con el profesional en el que depositamos, poco a poco, la confianza de estar más a gusto; hay cierta caca que mejor arrojarla al tacho de la basura de un terapeuta, decía, palabras más o menos, el gestáltico Fritz Perls.

Es claro que vengo haciendo referencia a la consulta privada. Cuando se trata de una labor de asistencia voluntaria, como la que se desarrolla en SEFLOR o Sedibac, el encuadre es otro y por lo tanto espacio, tiempo y dinero se consideran de distinta forma. No se cobran honorarios. El tiempo, dependiendo qué circunstancias, puede ser otro. Si hay una gran población de personas a las que tratar, pocos terapeutas florales y tiempo limitado, los encuentros terapéuticos se reducen a minutos.

Cobrar porque se sabe: de técnica y de sí mismo

En la relación terapéutica se asume que una de las partes es un paciente, alguien confiado en el buen hacer de otro que sabe lo que hace (Manrique, 1994). El terapeuta puede cobrar porque ha desarrollado una habilidad terapéutica en la que ha invertido tiempo, esfuerzo y dinero. En el caso del Terapeuta Floral Integrativo, puesto que hablamos sobre una consulta de TFI, está dada por un conjunto de aptitudes siempre en desarrollo, imprescindibles para la construcción del rol de terapeuta y necesarios para responder a la cuestión de la ética asistencial en las profesiones de ayuda (2) estas son:

Su formación en Materia Floral: El sistema de Bach, y la familiarización con otro sistema floral, u otras esencias de distintos sistemas, es recomendable.

La experiencia de escuchar y ser escuchado en un grupo formativo de recursos para la práctica terapéutica floral. El desarrollo de la aptitud para escuchar lo trivial y lo esencial, lo extenso y lo profundo se desarrolla escuchando -y dejándose escuchar- en un grupo de formación que incluya la dinámica terapéutica grupal. La intervención terapéutica floral es una acción que puede trasmitirse y aprenderse en un grupo. La conversación terapéutica floral integrativa (3) se aprende.

El desarrollo de su mente a través del estudio de pensadores orientales y occidentales en materias tales como Filosofía, desarrollos de la Psicología, Antropología, y otras ciencias. Basta con tomar nota de la formación humanista del Dr. Bach, para tomar en cuenta este punto que resultará fundamental a la hora de tratar con el paciente -en la conversación y floralmente- la filosofía real (de vida) que subyace a las situaciones concretas que plantea (Cavallé, 2004).

Su experiencia como paciente de terapia floral individual. ¿Cómo sentarse a escuchar y a pensar en un paciente y en su tratamiento floral asertivo si no se ha pasado por la experiencia de ser escuchado y pensado por un TFI con experiencia? ¿Cómo acompañar a un paciente por el sufrimiento de la ignorancia de sí mismo, si no se ha emprendido viaje similar acompañado? …es impensable, y además, un desatino ético.

Es en este punto -y en el próximo- en el que se observa si el aspirante a TFI cuenta con la virtud terapéutica por excelencia: la necesaria humildad (afán de reducción egocéntrica [Verbena]) que le advierta de los riesgos del "ego terapéutico": grandiosidad; seducción sexual del paciente; intolerancia, impaciencia, aburrimiento, falta de curiosidad por su historia, u otras formas de huída que el terapeuta instrumenta ante la frustración, el dolor, el miedo o la sexualidad de su paciente, y que puede resolver en su terapia personal y supervisión. El terapeuta no podrá producir una conversación terapéutica con su paciente por sus abismos, si no ha conversado terapéuticamente de similar manera sobre los propios. Y este último punto, el del aspirante que atraviesa personalmente la experiencia terapéutica que desea aplicar, ya está lo suficientemente demostrado por otras ramas de la Clínica de los afectos: PNL, Gestalt, Psicoanálisis, Eriksoniana, Pathwork; remito a esas fuentes. La Terapia Floral Integrativa no es una excepción al "Conócete a ti mismo" griego, ni de aquello que dice "Comienza por Freud para llegar a Buda" (Wilber, 1996). Parafraseando lo anterior yo diría: comienza por saber de ti para saber del otro que no es tu.

La apropiada supervisión de su tarea. Es complejo sentarse frente a un paciente, me refiero a la atención a las múltiples variaciones de la forma y el contenido de lo que dice. Escuchar tan extensamente implica permitirse ser perturbado por diversidad de historias, de sucesos dramáticos, ligeros, enfermedades, separaciones, intereses, valores y proyectos siempre distintos y particulares, sexualidad, infidelidad, muerte... En la exposición, por parte del paciente, de estos y otros temas tan habituales como intrincados, es frecuente la interrupción de la escucha y conversación terapéutica floral por parte del terapeuta debido a desconcierto, a no saber cómo continuar o qué decir, a la aparición de prejuicios (ideas, propaganda, propias del ordenamiento social occidental y el modo capitalista [4º nivel de Wilber, 1996, 1997]), falta de curiosidad, de empatía que es compasión, o la confluencia excesiva con el paciente en temas que el terapeuta tampoco ha pensado acerca de sí. La supervisión de la tarea terapéutica floral integrativa permite evidenciar y reorientar esas interrupciones facilitando ideas y esencias florales adecuadas a la dificultad de paciente y terapeuta floral. Supervisar capacita al terapeuta floral a tomarse a sí mismo como objeto de su observación y reflexión continuas mientras promueve el desarrollo de nuevas posibilidades y recursos terapéuticos que surgen solo si se supervisa. En definitiva, se aprende a salir creativamente de los despistes mientras se está un espacio de actualización permanente e intercambio con otros colegas.

El espacio

Para muchos terapeutas florales el espacio de atención a un paciente es una camilla o un par de sillas con un escritorio de por medio. En estos casos suele ser que la terapia floral sea usada como complemento -o practicada desde el encuadre técnico- de otros enfoques: manuales, naturistas, kinesiológicos, medicina china, etc. Para el TFI el cara a cara es el encuadre elegido. El modo de establecer contacto con el paciente es el de un yo y un tú en una conversación terapéutica que favorece una mayor aproximación, un activo intercambio visual y un espacio que resuena permitiendo la intimidad, que es respetuoso de los silencios, que invita a la curiosidad, y donde es posible la contención del paciente.

Personalmente conservo la costumbre de la tradición floral: una vela encendida. El fuego distingue el espacio terapéutico floral de otros encuadres del espacio utilizado por otras terapias; suelo mirar la llama de vez en cuando para retomar la atención en mi centro de gravedad y la armonía necesarios en este trabajo vocacional de escuchar y encontrar esencias florales.

Gracias por tu atención.

Por Susana Veilati,

Terapeuta Floral Integrativa.

Bibliografía:

  • Bach, E. Bach por Bach. Ediciones Continente, Buenos Aires 1993.
  • SEFLOR / Sedibac. Código Deontológico del Práctico en Terapia Floral. Madrid, 2005
  • Cavallé Cruz, M. La filosofía, maestra de vida. Santillana Ediciones, Madrid, 2004
  • Manrique, R. La psicoterapia como conversación crítica. Libertarias / Prodhufi, Madrid 1994.
  • Savater, F. "Ética de la alegría", en Despierta y lee. Alfaguara, Buenos Aires, 1998.
  • Veilati, S. Tratado completo de terapia floral. Edaf. Madrid, 1999.
  • Veilati, S. El acompañamiento floral de la agonía. Procedimiento sugerido para el trato con el enfermo terminal ingresado, la familia, otros asistentes, y los médicos. Boletín 13, SEFLOR, Madrid 2005.
  • Veilati, S. y "Para una idea de procedimiento de terapia floral con pacientes psicóticos" (Veilati, 2005). Boletín 14, SEFLOR, Madrid, 2005.
  • Wilber, K. El proyecto Atman. Kairós. Barcelona, 1996.
  • Wilber, K. Breve historia de todas las cosas. Kairós. Barcelona, 1997.
  • Wilhelm, R. El libro de las mutaciones. Editorial Sudamericana, Buenos Aires 1985

Notas:

(1): La Terapia Floral Integrativa (TFI) es una forma particular y diferenciada de realizar la terapia floral que integra en su teoría, formación y práctica a las corrientes florales clínicas históricas:

La de inspiración en la medicina, enriquecida por Ricardo Orozco, que escucha y traduce floralmente el síntoma orgánico y que permite la lectura de las dificultades emocionales y mentales que el paciente transforma en perturbación física.

La psicológica, que privilegia la escucha, la conversación terapéutica, la terapia personal del terapeuta floral y la supervisión clínica de su actividad profesional. Representantes de esta corriente son Demarchi, Grecco, Stern, Veilati y otros.

La sociológica, que tiene en cuenta el intercambio del paciente con su cultura, sociedad y medioambiente, que lo cincelan, también, desde fuera hacia dentro (Niveles 4º y 5º de Wilber [Veilati, 1999]).

La transpersonal, es decir, la terapia floral como vía regia para la percatación e identificación con los niveles sutiles de la existencia (Niveles 6º y siguientes de Wilber [Veilati, 1999])

La terapia floral dice que las esencias florales son simples. Pero si las esencias florales son simples, los pacientes -y lo terapeutas- no lo son. La Terapia Floral Integrativa es una respuesta para solventar esa complejidad.

(2): Y que subraya el Código Deontológico del Práctico en Terapia Floral, de SEFLOR y Sedibac; artículo "5º: Obligación de Perfeccionamiento: 1. - El Terapeuta Floral está obligado a la formación continuada para mantener vivo el espíritu de la Terapia Floral y garantizar al máximo las prestaciones profesionales".

(3): La Conversación terapéutica floral no es una conversación como la que se tiene con un amigo, una pareja o con un colega de cursos y congresos. No hay mutualidad en el encuentro, solo el paciente habla de sí y el terapeuta escucha e interviene cuando lo cree necesario. En este sentido no difiere de la conversación convencional con un psicoterapeuta. ¿Podemos hablar de diferencias entre una y otra? Sí, mencionaré una. La escucha del psicoterapeuta (que no es terapeuta floral) no incluye espacio alguno para la formulación de un remedio. En nuestro caso ello es fundamental. Esta diferencia, la de construir una fórmula floral en el marco de la consulta, determina modos distintos de relación, conversación y escucha, entre el terapeuta floral y su paciente (y por lo tanto, nuevos riesgos). Vemos además, que la elección vocacional del terapeuta floral de usar esencias florales, viene acompañada de una intención, idea, y actitud terapéutica frente a la enfermedad, distintas a la del psicoterapeuta no terapeuta floral: el terapeuta floral, debido a la impronta bachiana a la que suscribe irremediablemente, desarrolla gran sensibilidad frente al dolor; verdaderamente un sentimiento de caritas anima a la terapia floral. (Estoy diciendo que el terapeuta floral Integrativo no inhibe su acción frente al dolor, da un remedio, no considera que esto atente contra el vinculo -transferencial- paciente / terapeuta …siempre y cuando haya pensado sobre este punto en el que pueden deslizarse, efectivamente, rastros egocéntricos de mágica grandiosidad terapéutica). Esto evoca en el terapeuta floral un ideal muy empático de relación terapéutica con el paciente. Esta diferencia de ideal de rol terapéutico entre el TFI y el psicoterapeuta convencional, se pone en evidencia por ejemplo, cuando el primero trata (escucha) el padecimiento orgánico de su paciente. La conversación y escucha floral integrativa se detiene muy especialmente en el cuerpo porque sabe que los síntomas orgánicos son nicho de importantes distorsiones o "desequilibrios emocionales". Hay que tratarlos con esencias florales. Una forma de hacerlo es interpretar los síntomas orgánicos desde el marco conceptual de los P.T. (el modelo propuesto por E. Grecco, es igualmente interesante, aunque tengo menos experiencia en él), y ve cuáles de estas interpretaciones o Patrones transpersonales, reflejan isomórficamente lo que el paciente va diciendo acerca de sus dificultades cotidianas e históricas; es en la coincidencia de ambos -PT y narración de sí- donde se revelan esencias de gran importancia para el paciente. Estas son particularidades de la escucha y de la conversación terapéutica floral integrativa absolutamente ajenas a la conversación psicoterapéutica y a otros modelos terapéuticos de conversación… pienso en el psicoanalítico o en el gestáltico, por ejemplo.

FUENTE: Escrito cedido amablemente por la autora, fue previamente publicado en el BOLETÍN Nº 13 de SEFLOR, Madrid 2005.

ENLACE a la web de Susana Veilati (ESCUELA ESPAÑOLA DE TERAPIA FLORAL):

http://www.susanaveilati.com

FLOBANA, loreen lurrinak ikertzeko eta hedatzeko sortutako elkartea da. 2005eko uztailan sortu zen eta Nafarroako Gobernuan ofizialki erregistratuta dago (5.151 zbk.)

Elkarte honen helburua ez da irabazi-asmoa, Edward Bach doktorearen (Bachen loreak) lore terapia eta beste lore lurrinen sistemak ikertu eta hedatzea baizik.