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El
amor a la clínica: La perspectiva ética en la consulta
de Terapia Floral Integrativa,
por Susana Veilati
En la consulta privada de Terapia Floral Integrativa se establecen
límites, un encuadre necesario para que se produzca el cambio
terapéutico: el giro del paciente hacia la libertad de elegir
y hacerse responsable de sí mismo. Esto es producto de lo
que paciente y terapeuta floral conversan terapéuticamente
y lo que resulta de ello: acciones más saludables y una fórmula
de esencias florales para beber. Por esto el paciente paga unos
honorarios, dedica un tiempo, y espera un comportamiento terapéutico
ético. Veamos pues qué es la colocación de
los límites en nuestra consulta privada y hagamos algunas
puntualizaciones acerca de la ética de un Terapeuta floral
Integrativo, entendiendo por ética no un código de
normas, sino más bien una perspectiva desde la que reflexionar
(Savater, 1998) sobre la práctica de nuestro particular oficio
floral. El amor por la clínica pasa por el respeto a una
ética.
Lo que diré a continuación es la 2ª parte del
siguiente trabajo que fue publicado en el boletín de Seflor
nº 13: Encuadre de la consulta floral
integrativa: Espacio, tiempo y honorarios en el ejercicio terapéutico
floral privado (Veilati, 2005). Os remito a dicho escrito, para
abundar en cuestiones tan interesantes como el tiempo que dedicamos
a cada consulta, cómo tratar las ausencias y retrasos de
los pacientes, y la cuestión de los honorarios.
La terapia floral Integrativa nace de la resolución creativa
de un conflicto personal con la terapia floral. La terapia floral
dice que las esencias florales son simples. Pero si las esencias
florales son simples, los pacientes -y lo terapeutas florales- no
lo son. Desde esta idea es que intenté impulsar que el Terapeuta
floral se preparara profesional y humanamente para esa complejidad
incluyendo en su formación el aprendizaje de un modo de conversar
terapéutico, la terapia personal y la supervisión.
Poco éxito tuve con tal insistencia… así es
que dejé de irritarme por esta contrariedad y pensé
en una salida creativa: nombrar un modo diferente de hacer terapia
floral.
Así nació la TFI que promueve que el terapeuta floral
-orientado hacia la atención privada de pacientes, que prefiere
la conversación terapéutica como vía de acceso
a las esencias florales así como el modo continuado y pautado
de encuentros con su paciente- se prepare de una forma distinta
a la de aquel terapeuta floral que tiene diferente motivación.
Pero cuando se nombra algo nuevo hay que darle contenido, palabras
que lo rellenen. Y una buena manera de continuar con este ir diciendo
lo que es la Terapia Floral Integrativa, es hablar del amor en el
marco de su práctica, pero no sin antes aclarar, que el amor
es un modo respetuoso de relación y que el amor por la clínica
floral comienza con -y continúa por- el respeto a una ética.
La ética es un consenso social respecto a lo que se considera
bueno y malo. Ha sido y es motivo de preocupación y debate
en los círculos terapéuticos de todo tipo. En la terapia
floral también.
La práctica y el entrenamiento de terapeutas florales deben
apegarse a estándares éticos elevados y coherentes
con principios y obligaciones profesionales hacia los pacientes
y el público en general.
A
la TFI le interesa poder garantizar una calidad que contraste con
las prácticas que ofrecen soluciones rápidas, mágicas
y poco eficientes a largo plazo.
Estas garantías éticas de la TFI son:
-
La definición de lo qué es la TFI.
-
La
enunciación de las corrientes terapéuticas florales
que integra, así como lo que de ellas incorpora a su práctica
conformando una clínica diferenciada.
-
Una
formación profesional adecuada a la responsabilidad que conlleva
tratar a otra persona, sentimiento de responsabilidad que aumenta
en la medida que reconocemos la facilidad de todo ser humano para
cometer atropellos éticos, estéticos y fallas técnicas.
-
La
incorporación a su formación y práctica profesional
de dos prácticas gracias a las cuales es posible reconocer
y modificar las fallas éticas, estéticas y técnicas:
la terapia floral personal y la supervisión del trabajo clínico.
Qué
es la TFI
La TFI entiende que el ser humano puede ser escuchado y recogido
floralmente en toda su complejidad y registros: cuerpo, emociones,
mente, vínculos familiares, sociales, medioambientales, y
algo más que pugna por emerger que llamaremos “perspectiva
transpersonal” que es la desaparición del dualismo
sujeto-objeto.
La Terapia Floral Integrativa (TFI) es una forma particular y diferenciada
de llevar a cabo la terapia floral. Integra en su teoría,
formación y clínica pensamientos y prácticas
de las corrientes florales clínicas históricas. Veamos
cuáles son y qué nos interesa de cada una de ellas:
Las corrientes florales clínicas históricas que nos
interesan son:
1.
La terapia floral de Bach.
2. La terapia floral derivada de la medicina
3. La terapia floral derivada de la psicología y la psiquiatría
Y
a estas tres quiero agregar otras dos perspectivas que la TFI suma
a su quehacer clínico:
4.
La terapia floral derivada de la consideración social y medioambiental
5. La terapia floral transpersonal.
Por razones de tiempo desarrollaré las tres primeras. La
5ª está enunciada en mi libro “Tratado completo
de terapia floral” y la 4ª quedará apenas sugerida.
Veamos
lo que incorporamos de :
1.
La terapia floral de Bach
Enunciaré
los conceptos básicos que nos parecen importantes:
-
Primacía
de la verdad del alma sobre la personalidad
-
Perseverancia en el conocimiento del propósito del alma
-
Corrección
de las faltas que son origen de la enfermedad
-
Enfermedad
que señala un defecto (una pasión)
-
Defecto
que se erradica con:
- La esencia floral que desarrolla la virtud opuesta a la pasión.
- La acción terapéutica que Bach llama “…abrir
los ojos al que padece e iluminar la razón de su existencia”.
Esencia
floral y palabras, ambas abren los ojos e iluminan el despliegue
de la virtud y nos envían al “justo medio” de
Aristóteles que dice “Una buena disposición
es la que equidista entre el exceso y el defecto”.
Incorporamos
además las indicaciones de Bach respecto a la actitud del
terapeuta, a saber:
(a) “…que suprimamos de nuestra naturaleza nuestros
propios defectos para estar en condiciones de ayudar a otros”.
(b)
“Estudiar profundamente las leyes que rigen a la humanidad
y a la propia naturaleza humana [la del terapeuta floral] de forma
que puede reconocer en todos los que a él acudan los elementos
que causan el conflicto entre el alma y la personalidad”.
(c)
Y la recomendación de que cada caso requerirá de un
cuidadoso estudio”
Por
otra parte, apostamos, como el Dr. Bach, por el desarrollo de una
terapia floral que esté en manos de terapeutas florales vocacionales,
alejada de los peligrosos dogmas “…de los ortodoxos”
(Bach, 1980). E incorporamos a todas y cada una de sus 38 esencias
florales y a muchas otras de sucesivos elaboradores.
2.
La terapia floral derivada de la medicina
Entendemos, como Bach, que el cuerpo también es “…la
materialización de las cualidades de la conciencia”
(Bach, 1980). El cuerpo del paciente narra una historia filogenética
y ontológica, generacional y particular, biológica
y mental, y por lo tanto susceptible de ser traducida en esencias
florales; aunque también creemos que el cuerpo tiene misterios
que aun desconocemos y que la enfermedad puede tener otros orígenes
además del mental (genético, medioambiente, social).
Pero, cierto es, que pasiones como el orgullo, la crueldad, el odio,
el egoísmo, la ignorancia, la inestabilidad y la codicia,
dice Bach, “…precipitan en el cuerpo los resultados
perjudiciales que conocemos como enfermedad…” (Bach,
1980) Si el cuerpo es nido de pasiones, nos interesa una terapia
floral que relance la pasión -que es ignorancia- a la conciencia
de sí mismo del paciente. Que lo que sucede en el cuerpo
pueda ser finalmente incorporado al saber de sí.
Pero ¿Cómo saber cuáles pasiones anidan en
un reflujo gástrico, una inflamación, un mareo? ¿Será
posible, como hizo Bach con el electricista, interpretar los síntomas
orgánicos en términos de esencias florales de modo
que señalen el exceso o el defecto que los han promovido?...
Tal es la razón por la que incorporamos a la TFI el desarrollo
terapéutico del médico Ricardo Orozco; me refiero
a los Patrones transpersonales que nos ayudan a pensar en lo que
afecta al paciente desde un mínimo: el síntoma físico.
Me explico: el cuerpo padece un síntoma (INFLAMACIÓN)
que puede ser interpretado en términos de un patrón
transpersonal (SOBREEXPRESIÓN), éste remite a una
esencia (VERBENA) y ésta a su vez señala un “defecto
a erradicar” y “la Virtud a desarrollar” (VEHEMENCIA/TOLERANCIA)
Es la tensión entre la personalidad vehemente y la tolerancia
que señala el alma, lo que pensamos está en el cuerpo
del paciente. Esto nos lo indica el síntoma INFLAMACION.
Hasta aquí, uno da la esencia Vervain y espera que opere…
Pero no nos olvidemos que Bach considera que toda curación
debe ir acompañada de sabios consejos que iluminen la razón
del paciente… percataciones, nuevos sentidos… palabras,
en definitiva, que se producen en el marco de una conversación
terapéutica. Será interesante favorecer una conversación
en la línea de Vervain con este hipotético paciente
portador del síntoma inflamación.
Una de las utilidades de la asociación síntoma orgánico/PT
es que nos señala hacia una o varias dimensiones afectivas
presentes en el síntoma somático. Cada esencia floral
da cuenta de una dimensión afectiva, una representación
básica que bajo la forma de una narración describe
una tonalidad e intensidad emotiva que impregna inclinaciones, experiencias,
pensamientos, ideas y valores, estados de ánimo. Desde el
P.T. es posible comenzar a preguntarnos por el individuo que desarrolló
esta inflamación que es una “Sobreexpresión”
Vervain, una representación básica del binomio vehemencia
y tolerancia que Bach narra así: “Los que tienen principios
e ideas fijas, que están seguros de tener razón y
que cambian rara vez. Desean vehementemente convertir a sus opiniones
a cuantos les rodean. Tienen una gran fuerza de voluntad y mucho
valor cuando están convencidos de las cosas que quieren enseñar.
En la enfermedad se debaten cuando otros ya lo habrían abandonado
todo.”.
Favorecer una conversación en la línea de Vervain,
decíamos más arriba. Rellenar con palabras la tensión
orgánica “inflamación” a efectos pueda
circular desde el cuerpo hacia la conciencia. Esto es posible porque
el sustantivo “inflamación” nos ha conducido
hacia otras palabras que abren a nuevos espacios narrativos: sobreexpresión,
vehemencia y tolerancia. Hemos pasado del cuerpo a la mente, de
la carne al mundo de los afectos. Un mejor lugar porque permite
un discurso que habrá que provocar en el paciente pero que
ya no resultará tan difícil puesto que tenemos una
guía: la representación básica Vervain. Un
estilo afectivo que como otros de los 39 señalados por Bach,
tiene una historia con todos sus elementos: personajes en un tiempo
y un lugar, una trama que encierra un sentido, sentido que hace
espacio a impulsos, emociones, sentimientos, motivaciones, ideas,
valores, y un conjunto de acciones…. Pero ¿cómo
provocar tal decir en el paciente? Con preguntas que se hace el
terapeuta floral respecto a su paciente: Por ejemplo: ¿Cuál
será la historia familiar y particular de la vehemencia y
tolerancia en esta persona? ¿En qué áreas de
su existencia está actuando este patrón desmesurado,
por presencia o por ausencia, además de en su cuerpo? Y las
más obvias… ¿Qué cosas le entusiasman?
¿Cuáles ha podido desplegar y cuáles no? ¿Cómo
se apasiona en sus proyectos, en el amor y la amistad? ¿Cómo
expone sus ideas, pensamientos y creencias?¿Ensancha su capacidad
de afirmación de sí o solo se inflama entre la piel
y los músculos? En definitiva, ¿cómo expresa,
inhibe, complementa o contrarresta estos términos del binomio
vehemencia/tolerancia además de imprimirlos en su anatomía?
Estoy intentando mostrarles cómo a partir de un mínimo,
el PT, es posible desplegar víasde conversación que
son líneas de transformación del defecto en virtud.
Se trata entonces de permitir que se produzca una reflexión
de sí con el paciente a partir de un síntoma físico
de modo que lo que está en el cuerpo como síntoma
pueda pasar a la conciencia y desencadenar nuevas acciones, sentimientos,
ideas y pensamientos que “…iluminen la razón
de su existencia” (Bach, 1980).
Pensar
sobre las pasiones en el cuerpo del paciente, abre a nuevas preguntas,
enriquece la conversación con el paciente, facilita la extensión
por su historia, y permite que emerjan esencias florales hasta ahora
inadvertidas e imprescindibles. El tratamiento gana en complejidad,
interés y efectividad.
Podéis ampliar este procedimiento completo si consultáis
en el Archivo de Florinautas, el foro de Seflor en la red (www.seflor.org)
o en la web www.susanaveilati.com
el archivo “Respecto a un caso de reflujo gástrico”
(Veilati, 2005).
3.
La terapia floral derivada de la psicología y la psiquiatría
De la psicoterapia (o mejor dicho: de la filosofía) privilegiamos
el método de la conversación a otros procedimientos
de diagnóstico y tratamiento, la terapia personal y la supervisión.En
nuestro caso en particular: la terapia floral personal del TFI y
la supervisión clínica floral de su actividad profesional.
La conversación terapéutica no es novedad en la terapia
floral, Bach fue el primero en utilizarla. Hoy podríamos
abundar en similitudes y distinciones entre la conversación
terapéutica propia de la TFI respecto a la conversación
en otros estilos psicoterapéuticos, pero no puedo extenderme
aquí. Hay una primera aproximación a esto en el artículo
del Boletín de Seflor al que he hecho referencia.
Ahora bien,
el entrenamiento en la práctica de la conversación
terapéutica aplicada a la terapia floral, la terapia floral
integrativa personal y la supervisión de la práctica
profesional son columnas fundamentales de lo que diré es
el respeto a la ética por parte del TFI. Responden a la pregunta
por la coherencia entre lo que uno piensa, dice y desarrolla profesionalmente.
Me referiré a la terapia personal y a la supervisión:
Respecto
a la experiencia como paciente de terapia floral individual.
Aquí la pregunta es: cómo sentarse a escuchar y
a pensar en un paciente y en su tratamiento floral asertivo, si
uno no ha sido escuchado y pensado por un TF? ¿Cómo
acompañar al paciente por el sufrimiento de la ignorancia
de sí mismo si no se ha emprendido viaje similar? Sin embargo,
hay terapeutas florales, la mayoría, para quienes pasa
desapercibido esto que es una obviedad para cualquier profesional
de otras escuelas terapéuticas. A esto llamo una falla
ética, de las más graves. Desafortunadamente es
una falla muy extendida entre los terapeutas florales. Las escuelas
de terapia floral debemos comprometernos aun más en la
exigencia de este punto que, junto con la formación adecuada
y la supervisión, constituyen las únicas garantías
de calidad que podemos ofrecer al paciente floral. La Terapia
Floral Integrativa va cerrando filas alrededor de estos criterios
éticos, cada vez más.
Respecto
a la supervisión profesional de su trabajo. Es
complejo escuchar, ello implica ser perturbado por diversidad
de historias, de sucesos dramáticos, enfermedades, separaciones,
intereses, valores y proyectos siempre distintos y particulares,
sexualidad, infidelidad, muerte... Es frecuente el desconcierto
en el terapeuta, no sabe cómo continuar o qué decir,
aparecen prejuicios, falta de curiosidad, de empatía o
núcleos de identificación con el paciente en temas
que el terapeuta floral tampoco ha pensado acerca de sí.
La supervisión, que no substituye a la terapia personal
o a la correcta formación, capacita al terapeuta floral
a tomarse a sí mismo como objeto de su observación
y reflexión continua y permite evidenciar y reorientar
esos obstáculos a la escucha facilitando ideas y esencias
florales adecuadas a la dificultad de paciente y el terapeuta
floral. En definitiva, se aprende a salir creativamente de los
despistes mientras se está un espacio de actualización
permanente e intercambio con otros colegas. No supervisar, especialmente
el principiante, pero sin excluir al terapeuta avanzado, es un
una falla ética.
Las
fallas éticas
Vemos que hablar de ética es decir algo sobre lo que no es
ético, algo que hasta el momento hemos enmarcado en: falta
de formación, de terapia floral personal y supervisión.
Continuemos evidenciando acciones no éticas comunes a esta
práctica, no sin antes comentar que poca es la gente que
las comete por maldad, sino más bien por desconocimiento,
falta de formación, de terapia personal y revisión
constante del propio trabajo clínico. Pero que no sirva lo
anterior como disculpa sino que sea una alerta ante lo que Bach
llama el peligro de la ignorancia. Ignorancia que puede ser definida
como el conjunto de defensas que el sujeto (en este caso el terapeuta
floral) interpone entre sí y su terapia floral personal,
y que son: el orgullo, que le impide admitir sus defectos; fantasías
omnipotentes y de superioridad respecto a que con su habilidad podrá
llegar a dominar cualquier cosa; resistencias a la intimidad, proximidad,
continuidad y compromiso que dificultan la creación y sostenimiento
de un vínculo terapéutico; fantasías de dependencia
de su terapeuta; duda de que pueda hacerse algo positivo por él;
trivialidad, en el sentido de núcleos de frivolidad que lo
empujan a exigir una máxima cuota de libertad y permisividad,
una adolescencia demasiado prolongada.
Este conjunto de defensas que los terapeutas florales llamamos,
como Bach: “ignorancia de la personalidad respecto de los
dictados del alma” que suele ir acompañada, lamentablemente,
de una débil disposición por parte del terapeuta floral
a tratarla, afecta la relación con sus pacientes y por lo
tanto el progreso de estos últimos.
Veamos algunas de las formas que este oscurecimiento de sí
suele adoptar en la consulta privada del terapeuta floral. Enlacemos
a esencias florales estas fallas para verlas, y vernos, con mayor
definición. Hablaré de 5 fallas éticas y una
técnica; no son las únicas sino las que hoy desarrollaré:
La falla ética Vervain
La falla ética Vine
La falla ética Rock Water/Beech
La falla ética Chicory
La falla ética Heather
La falla técnica Impatiens
La falla ética Vervain: Fundamentalismo e imposición
de valores propios al paciente.
El Vervain positivo sabe que no sabe, así es que abre espacios
para aprender de sí, es dueño de sus ideas pero no
está poseído por ellas (Octavio Paz, 1995). Es curioso,
se entusiasma con cualquier narración, incluso la más
trivial e insignificante. El terapeuta cae en el estado Vervain
negativo cuando cree saber lo que es mejor para el paciente, intenta
convencerlo, se indigna cuando no obtiene el consentimiento del
paciente para una acción, y renueva su pasión convencedora
cuando el paciente no ha hecho “lo convenido”. El terapeuta
cae en estados Vervain negativos cuando pierde la neutralidad ante
decisiones del paciente que son contrarias a su propio sistema de
valores y creencias que da por buenos para sí y para su paciente.
El terapeuta desarrolla los aspectos positivos de Vervain al respetar
las opiniones de sus pacientes que se basan en una historia y contexto
propios y diferenciados.
La
falla ética Vine: falta de respeto por la voluntad del paciente
El terapeuta floral tiene una posición privilegiada respecto
a su paciente, es un personaje importante en la vida emocional del
paciente; habremos de evitar abusos y transgresiones que dicha posición
de poder favorece.
Seamos conscientes a continuación de los modos en que podemos
caer en estados negativos Vine al ejercer intimidación sobre
los pacientes: a través de diagnósticos, pronósticos,
confrontación, estimulando unas partes de la narración
del paciente y reprimiendo otras, usando un lenguaje inapropiado,
siendo crueles en las observaciones, utilizando al paciente con
fines personales, pidiéndole favores, faltos de compasión,
seducción sexual, incorrecto manejo del tiempo y los honorarios.
Esta profesión pide una bondad elemental de la que nunca
se tiene suficiente.
La falla ética Rock Water/Beech: la formulación
de juicios de valor y estéticos
Juzgar es emitir sentencia. La sentencia es apropiada para los tribunales,
pero en el marco terapéutico denota la dificultad del terapeuta
floral para tratar con lo diferente, cuestión imprescindible
a la hora de asistir al paciente en el reconocimiento de los dictados
de su alma. Alma que no es la del terapeuta floral, sino otra, distinta,
y que bien refleja la expresión “Yo no soy tu; veamos
quién eres”.
El terapeuta cae en estados negativos Rock Water/Beech cuando se
ofrece como ejemplo al paciente, cuando dice qué es bello
y feo, bueno y malo, verdadero y falso; cuando no acepta que la
ambigüedad y la contradicción están presentes
en toda la experiencia del paciente y le solicita comportamientos
coherentes, lógicos, normales y se alarma porque el paciente
“No se abre” “No produce material” “No
profundiza” En fin, el terapeuta no se deja modificar por
lo que el paciente dice, quiere que el paciente diga otra cosa,
es decir, no puede trabajar con lo que hay… se pone durito.
La falla ética Chicory: la maternalización
del rol terapéutico floral
La relación terapéutica floral tiene mucho de lo mejor
de Chicory: escuchamos el padecimiento del paciente, conversamos
con él sus dificultades procurando descubrir nuevos sentidos
además damos una fórmula floral que será extensión
del vínculo terapéutico y tranquilizará su
angustia. La terapia floral es generosa.
La expresión terapéutica positiva de rasgos Chicory
es el maternaje terapéutico:
Facilidad
para despertar en el paciente la confianza básica en el
vínculo terapéutico a fin de que elabore su sufrimiento.
Cuidado genuino
y amistoso
Pero tener lo mejor de una esencia floral implica que lo peor acecha
que en el caso de Chicory es la maternalización de la relación
terapéutica floral, veámoslo.
El terapeuta floral cae en la maternalización Chicory cuando
trata al paciente como a un niño de pocos años, lo
consuela, lo mima, abraza y acaricia, le aconseja, lo consiente,
lo protege tratando de preservar sus relaciones e incluso lo “salva”
de sus propias e inmaduras decisiones, lo reprende y culpabiliza
cuando no cumple con sus expectativas, le muestra cuan experto es
y cuanto lo necesita el paciente, programa las sesiones: lo que
dirá, preguntará, cómo lo sentará, qué
trabajaran esa sesión: una visualización, una relajación
(esto es una falla técnica). Publica o expone cartas de agradecimiento
por parte de sus pacientes donde muestra lo bien que lo hace (esto
es una falla estética).
El terapeuta cae en estados negativos Chicory cuando tiene sentimientos
de ser muy importante en la vida del paciente, la convicción
de tener prerrogativas o privilegios sobre él, como si el
paciente fuera una extensión del terapeuta así es
que rechaza cualquier intento de liberación por parte de
él.
La
falla ética Heather: incontinencia de la soledad y angustia
de la actividad terapéutica floral
La nuestra es una profesión solidaria pero solitaria que
nos mantiene a diario en contacto con el peso del amor, el odio,
el sufrimiento y la enfermedad de nuestros pacientes. Difícil
es que no aparezca la tensión psíquica en el terapeuta
floral. Esto lo lleva a buscar un confidente próximo para
compartir su angustia.
El marido, los amigos, no pueden ser los interlocutores de las dificultades
del terapeuta floral con sus pacientes. Cuando ello sucede es indicio
de que se necesita terapia floral personal y supervisión
profesional a efectos de descubrir y colocar esencias en donde el
terapeuta floral se ha identificado con su paciente. El terapeuta
floral cae en estados negativos Heather cuando no está garantizando
el mantenimiento del pacto de secreto con el paciente, la confidencialidad.
Un criterio para hablar de los pacientes es hacerlo como si ellos
estuvieran presentes en el marco de una supervisión profesional
grupal o individual.
Otros estados negativos Heather son la revelación de emociones
íntimas o sexuales del terapeuta al paciente, la extralimitación
de confidencias, la extensión de las consultas en el tiempo
(no se respeta el horario prefijado y se llega a estar dos horas
o más con un paciente), o que el terapeuta floral y paciente
sostengan intercambios sociales permanentes. No es aconsejable una
distancia impenetrable tipo Water Violet, se pierde empatía;
pero tampoco la incontinencia verbal o actitudinal propias de focos
Heather no resueltos. Se pierde capacidad de escucha.
Impatiens,
la prisa por obtener resultados
La actitud terapéutica positiva de Impatiens es la velocidad
para pensar ideas y establecer asociaciones respecto a la vida del
paciente y a las esencias florales así como intervenir concisa
y brevemente desde donde no lo espera el paciente provocando asombro
y curiosidad, que es decir interés. El terapeuta floral cae
en estados negativos Impatiens cuando pretende que el paciente confíe,
se exprese con mayor libertad, recuerde, profundice o se extienda
sobre aspectos de sí en los primeros tiempos del tratamiento
floral. El paciente recurre a nuestra consulta justamente porque
es esto lo que no puede gestionar. Que el paciente “se abra”
sería un buen deseo si nuestra práctica fuera la de
la confesión, algo propio de sacerdotes o policías.
El sujeto confiesa lo que le pesa y lo descarga en la comisaría
o el confesionario; se ha abierto. Pero regresa al mes siguiente
por una nueva penitencia para el mismo tropiezo. Nuestro objetivo
es que no repita, no por la vía de la expiación o
la condena, sino por la del saber de sí… Esto lleva
tiempo. La prisa denota impaciencia terapéutica, falta de
memoria respecto al tiempo que a uno mismo le ha llevado darse cuenta
de sí (si se ha tomado ese tiempo), así como un modo
literal, es decir, convencional, de entender la actividad terapéutica
más como un proyecto de arqueología del paciente que
como una narración que desencadenar. El terapeuta floral
reduce así su foco a la búsqueda de la causa, como
un eslabón perdido que hay que encontrar para que el estado
actual del individuo tenga explicación. Esto está
bien para el paleontólogo pero no para el terapeuta floral.
Se trata de una falla técnica, denota, como mínimo,
falta de formación, una confusión entre verdad histórica
y verdad narrada. Lo primero es lo que sucedió, lo segundo
es cómo le afectó al paciente. Nunca coinciden.
Hasta aquí he expuesto algunos núcleos poco concienciados
por el terapeuta floral que facilitan su deslizamiento hacia fallas
técnicas, actitudes no éticas o poco estéticas.
Estos desbordes egocéntricos que gratifican necesidades de
poder y grandiosidad del terapeuta floral pero que sin embargo lo
dejan desbordado, cansado… y sin pacientes; estos excesos
narcisistas presentes en todos los seres humanos en distinta medida,
bajo diferentes formas; solo pueden elaborarse apropiadamente en
la terapia floral personal y en la supervisión de nuestro
trabajo. No reconocer esta ceguera respecto a los propios fallos
y por lo tanto la necesidad de conversarlos con un terapeuta cualificado,
es negar el mismísimo lugar terapéutico que deseamos
ocupar. Como si dijéramos “la terapia floral vale pero
solo si otros son los pacientes” Si el amor a la clínica
puede ser definido como el establecimiento de un modo respetuoso
de relación, estos desatinos éticos paridos por el
orgullo y la ignorancia de los que habla Bach, merecen toda nuestra
atención.
4.
La terapia floral derivada de lo social y medioambiental
La terapia floral integrativa entiende que no es posible facilitar
en el paciente la construcción de un proyecto autónomo
de sí y la elaboración de un discurso personal que
lo distinga, sin una constante reflexión que le permita diferenciarse
del efecto de las instituciones (familia, escuela y matrimonio);
ideología y discursos de poder (políticos, religiosos,
económicos); y propaganda (moda y publicidad). Estoy diciendo
que la sociedad enferma.
Animar
a una posición crítica de lo social no es especificar
qué debe ser criticado (tal cosa haría un terapeuta
con núcleos Vervain sin elaborar) sino contribuir a desvelar
cómo se generan en el paciente aquellos significados y verdades
que cree auténticos, pensados por sí mismo…
y que no son más que lecturas de los textos ideológicos
(Manrique) producidos por la sociedad.
Estoy haciendo referencia al Nivel 4º de Wilber [Veilati, 1999]),
y floralmente a:
Cerato:
que en su versión defectuosa representa el descentramiento
de sí a favor de la moda y la publicidad; el consumo trivial
de distintas ideologías; y el saber entendido como la repetición
de lo que otros dicen. Es la desorientación de la ignorancia;
y la salida es saber de sí mismo.
Walnut:
que no puede pensar sino lo que su grupo de pertenencia filtra como
deseable. Es la aceptación sin cuestionamiento; y la salida
es la diferenciación.
Centaury: lo peor de Centaury es el sometimiento
a los modos de explotación propios de la sociedad capitalista:
pobreza, violencia infantil y de género, abuso laboral, discriminación,
drogadicción, alcoholismo. Es la sumisión sin salida;
y la salida es la insumisión.
Quiero agregar que la práctica de labores voluntarias en el
marco de las asociaciones de terapia floral es un gesto de intervención
a favor de la no explotación. Dos quiera que prospere y crezca.
La TFI incluye en su formación cierto número de horas
de voluntariado.
5.
La terapia floral derivada de lo transpersonal
La transpersonal, es decir, la terapia floral como vía regia
para la percatación e identificación con los niveles
sutiles de la existencia. (Niveles 6º y siguientes de Wilber
[Veilati, 1999]) ha sido desarrollado en mi libro “Tratado
completo de Terapia floral”. En el “Apartado para profesionales
de la terapia floral” establezco un primer puente entre la
psicología transpersonal y la terapia floral. Remito a los
interesados a esa fuente.
Por
Susana Veilati,
Terapeuta Floral Integrativa.
Referencias:
Bach,
E. La curación por las flores, Madrid, Edaf, 1980.
Bach, E. Bach por Bach, Buenos Aires, Continente, 1993.
Cavallé, M. La filosofía maestra de vida, Madrid,
Aguilar, 2004
Manrique, R. La psicoterapia como conversación crítica,
Libertarias/Prodhufi, 1994
Paz, O. Vislumbres de la India, México, Seix Barral, 1994
Savater, F. Despierta y lee, Buenos Aires, Alfaguara, 1998
Veilati, S. Tratado completo de terapia floral, Madrid, Edaf, 1999
Veilati, S. Encuadre de la consulta floral integrativa: Espacio,
tiempo y honorarios en el ejercicio
terapéutico floral privado. Boletín 14, SEFLOR, 2005
Veilati, S. Respecto a un caso de reflujo gástrico, Revista
SEDIBAC, 2005.
(Aristóteles Gran ética, Madrid, Sarpe, 1984)
Tal como Bach hizo en su conocido “caso del electricista”
(Bach, 1993)
No estoy diciendo que así “se curará”
sino que aprovechemos esta traducción de síntoma a
esencia, que facilita el PT, para que el paciente se percate de
esto que Bach llama “ (descubrir) la naturaleza de la enfermedad…
el tipo de acción que se ha emprendido contra la Ley Divina
de Amor y Unidad”.
Me refiero al arte mayéutico socrático. Dice el Diccionario
de uso del español de María Moliner: “Arte de
alumbrar el maestro en el discípulo nociones que éste
poseía sin haber llegado a formulárselas” Diálogo
que es filosófico solo si “…expulsa las enfermedades
del alma” (Cavallé, 2004, citando a Epicuro).
Trato este punto en el artículo que menciono al principio
de esta ponencia publicado en el boletín 15 de SEFLOR “Encuadre
de la consulta floral integrativa: Espacio, tiempo y honorarios
en el ejercicio terapéutico floral privado” (Veilati,
2005).
ENLACE
a la web de Susana Veilati (ESCUELA ESPAÑOLA DE TERAPIA FLORAL):
http://www.susanaveilati.com
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