Encuadre
de la consulta floral integrativa: Espacio, tiempo y honorarios
en el ejercicio terapéutico floral privado,
por Susana Veilati
Encuadrar es colocar una cosa o acción en un marco; algo
pasa a tener un límite. En la consulta privada, la acción
terapéutica floral se da en un marco que tiene un espacio,
un tiempo, un costo y una ética. En fin, límites.
Los límites son condición para que una transformación
pueda tener lugar. “Sin límites en el ordenamiento
de las relaciones la vida no haría más que diluirse
en lo ilimitado” (Wilhelm, 1985). En la consulta floral privada
se establecen límites para que se produzca el cambio terapéutico:
El giro del paciente hacia la libertad de elegir y hacerse responsable
de sí mismo. Este nuevo impulso en dirección a la
autonomía es debido a lo que paciente y terapeuta floral
conversan terapéuticamente -en un espacio y un tiempo-, y
de lo que resulta de ello: nuevas percataciones y una fórmula
de esencias florales para beber.
Por
esto el paciente paga unos honorarios determinados de común
acuerdo. Paga un servicio que le damos; espera un comportamiento
terapéutico ético. Veamos pues la colocación
de los límites en nuestra consulta privada y hagamos algunas
puntualizaciones acerca de la ética de un Terapeuta floral
Integrativo, entendiendo por ética no un código de
normas, sino más bien una perspectiva para la reflexión
práctica de nuestras acciones (Sabater,1998).
El
tiempo: frecuencia y duración
El
acto terapéutico en la Terapia Floral Integrativa (TFI),
tiene lugar en el marco de una conversación de aproximadamente
50 minutos, con una frecuencia semanal o quincenal, en días
y horas determinados con regularidad (p.ej. martes quincenal a las
12:30 horas, o jueves semanal a las 18 hs). Dos o cuatro encuentros
terapéuticos cada mes. Hay
excepciones, siempre las hay; por ejemplo, personas que desean tratarse
pero que debido a sus actividades no es posible establecer una regularidad
(viajantes, artistas, trabajadores a turnos alternos) en esos casos
se determinan las visitas cada mes, de acuerdo al plan de actividades
del paciente, y eso se considera un encuadre.
La
frecuencia semanal o quincenal, u otra, se establece en función
de la necesidad del paciente que será evaluada por el terapeuta.
Esta necesidad a veces no coincide con lo que el paciente pensaba
para sí “Yo quería venir una vez al mes”,
pero el terapeuta, después de escuchar las dificultades del
paciente, opina que esa frecuencia es insuficiente y que puede hacerse
cargo de su tratamiento si los encuentros son como mínimo
quincenales. Cuando ello tiene lugar habremos de fundamentar nuestras
razones que siempre estarán en función de la magnitud
de lo que el paciente necesita tratar, y así se lo haremos
saber. Siempre puede tomarse un tiempo para pensarlo. La frecuencia
en las visitas no es arbitraria ni se decide “por norma”,
varía con relación a cada caso.
Hay
personas que necesitan más de una visita semanal, las historias
clínicas de Bach lo muestran prescribiendo cada 48 horas,
y semanalmente una vez recuperado cierto bienestar (Bach, 1993,
pag. 108), se trata de casos con gran sufrimiento físico,
críticos. Pero en la consulta privada de terapia floral las
urgencias no son la norma, hoy en día hay otros recursos
para solventarlas que no estaban a disposición de la población
cuando Bach pasaba consulta a principios del siglo XX. Queda pendiente
para otro escrito una referencia al encuadre de las visitas a domicilio;
respecto al tratamiento de los casos urgentes podéis leer
“El acompañamiento floral de la agonía. Procedimiento
sugerido para el trato con el enfermo terminal ingresado, la familia,
otros asistentes, y los médicos” (Veilati, 2005) y
“Para una idea de procedimiento de terapia floral con pacientes
psicóticos” (Veilati, 2005).
De lo expuesto surge que cierto es que podemos establecer un tiempo
de encuentro y una frecuencia, pero no la duración total
del tratamiento que dependerá de la andadura del paciente
y de la destreza terapéutica del TFI. Si un paciente nos
pregunta por el total de encuentros terapéuticos que demandará,
su tratamiento, es correcto responder que no lo sabemos pero que
él siempre podrá elegir si continuar o interrumpir,
en cualquier momento. El encuadre terapéutico es ambiguo:
un compromiso preferentemente ineludible pero que siempre puede
interrumpirse.
Es
adecuado también proponerle un tiempo de observación,
digamos tres meses, para que note si va encontrándose mejor
que como vino; aunque esto puede prestarse a alguna confusión
si no se revisan y evidencian las urgentes expectativas de bienestar
inmediato que tienen algunos pacientes.
La
reducción, por parte del TFI de las esperanzas de curación
mágica, coloca al tratamiento en una situación favorable:
permite al paciente advertir que la terapia floral integrativa opera
desde los primeros encuentros: los pequeños cambios, las
sutiles y positivas modificaciones en su modo de vincularse, en
sus expectativas y aspiraciones, en su humor, y coraje para ser
y estar en el mundo.
Las
ausencias y retrasos
Veremos
más abajo con un ejemplo, cómo el encuadre, el establecimiento
de límites claros al encuentro floral, pone a prueba la aptitud
del paciente y del terapeuta para llegar a acuerdos y compromisos,
y la necesidad de sostener un espacio con características
relativamente constantes que se hacen más evidentes cuando
se rompen: no asiste y no avisa, avisa minutos antes que no asistirá,
llega tarde, no paga, se equivoca de hora, de día…
Justo por que algo es estable es que puede ser conversado con el
paciente cuando lo altera. La modificación de una constante
acordada dice algo de él, y como tal, será incluida
en la reflexión de sí mismo que se produzca en la
consulta terapéutica floral; no es de extrañar que
una apropiada consideración sobre lo que implica esa ausencia,
demora o equívoco, abra el campo a una nueva esencia floral
de carácter fundamental. Las esencias florales apropiadas
destacan en las acciones.
Las ausencias y retrasos (no estamos hablando de una cancelación
debido a un fallecimiento u otros motivos que es importante contemplar
como fortuitos) deben ser considerados por el terapeuta como llamadas
de atención, en el sentido de que se está ante una
acción concreta de ruptura de un acuerdo por parte del paciente;
pero no tiene porqué serle presentado de esta forma; no se
trata de decir “Has roto un compromiso”. No. Sino más
bien de ver qué es lo que el paciente no puede decir sino
haciendo peligrar un espacio importante para sí, o poniendo
a prueba o infringiendo contrariedad al terapeuta (que permanece
esperando sin poder utilizar esa hora para comer, por ejemplo, y
se queda pensando en su paciente más de lo habitual). La
cuestión es si en la próxima entrevista podremos ayudarlo
a que esa acción pueda ser puesta en palabras que expresen
sentimientos e ideas, es decir, modos de vinculación. Veámoslo
con un ejemplo.
Un
caso clínico
Viene
a mi memoria una joven de veinticinco años con sus dos padres
fallecidos y tutora de su hermano de quince años que está
con dificultades en los estudios; esto la agobia, no sabe cómo
acompañar a su hermano, se siente sola e inexperta. Por otra
parte, su tía está enferma y ella se hace cargo de
visitarla diariamente. Es maestra y trabaja en un horario no demasiado
exigente. Luego de la segunda entrevista convenimos en una modalidad
quincenal, a partir de ese momento no asistió a los dos encuentros
programados. En uno se despistó por razones familiares, así
es que llama para disculparse; quedamos en otro. A la siguiente
llama unos minutos antes de la cita para decir que ha acompañado
a urgencias a su tía. La cito para otro encuentro, al que
asiste; sin embargo no concurre al siguiente y no avisa. Llama a
los 10 días diciendo que quiere un nuevo horario, no había
podido venir a consulta porque su hermano llegaba esa misma tarde
de un campamento organizado por la escuela.
Era
evidente una ambivalencia (Scleranthus) entre su interés
en hacer terapia floral (pide cita, llama para disculparse, insiste
en su petición de horario) y sus ausencias siempre justificadas
por “tener que asistir a otros” (Pino, Centaury), asistencia
que la dejaba resentida con su familia porque no reconocían
su buena voluntad ni la hacían objeto de similar preocupación
“Me dejan sola con lo de mi hermano” (Chicory), y fastidiada
consigo por no poder “asistirse” a si misma, descuidando
el espacio que ella había abierto para sí a efectos
de tratar los temas que tanto la afectaban y le producían
angustia (miedo, llanto, profunda tristeza y autodepreciación).
Si
yo continuaba aliándome con esta contradicción que
ella representaba en su relación terapéutica conmigo
-el paciente repite dentro lo que realiza por fuera de la consulta-,
no le hacía ningún favor ni, mucho menos, estaba pudiendo
gestionar mi lugar como su terapeuta, un lugar que se gana (lo que
se gana es la confianza) sosteniendo en casi la totalidad de los
casos un pulso terapéutico con el probable futuro paciente.
Llevé su atención hacia su forma de perturbar su decisión
de tratarse, señalándole el olvido de sí a
favor de un modo “como-sí sacrificado” de atención
a su familia (Chicory / Centaury) con el que alimenta su resentimiento
(Willow) hacia la misma, y aclaré que a partir de ahora pagaría
los encuentros a los que no asistiera porque tal compromiso es coherente
con su intención de estar mejor y con la mía de tratarla.
El
dinero así, me refiero a mis honorarios, deja de ser algo
que yo quiero para mí, o que solicito como forma de compensar
una contrariedad, para ser lo que es: un bien que ella entrega a
cambio de un proceso de compromiso personal en la asistencia de
sí misma y que yo recibo, entre otras cosas, porque ella
me ha elegido como su terapeuta floral. Hasta el momento no ha incurrido
en nuevas ausencias.
El
dinero
Decía
más arriba que en la duración del tratamiento interviene,
claro está, la mayor o menor aptitud del paciente para ser
paciente, me refiero a su plasticidad psíquica, la aptitud
para ser su propio objeto de interés y saber, su deseo de
sentirse cada vez mejor. Pero no deseo extenderme por ahora en una
consideración del ser-paciente porque este escrito es una
mirada puesta en el ser-terapeuta floral, concretamente, en el acto
terapéutico que se produce en un marco: la consulta terapéutica
floral integrativa, que se extiende en un tiempo y tiene lugar en
un espacio; y por ello el terapeuta floral cobra unos honorarios.
Cobramos
por nuestro trabajo porque nos interesa ganar dinero con lo que
nos gusta. Hay quien gana dinero pintando o cantando; en nuestro
caso el arte que nos anima es el de Quirón, el que aun enfermo
cura. Decimos un dinero: 25 euros los que se inician, 50, 60 o más,
los más aventajados, por poner algún número.
Pero no es posible asignarle un valor numérico a la acción
terapéutica que permite una transformación deseada
por el paciente. ¿Cuánto cuesta reencausar la existencia
hacia una vocación querida? ¿Qué precio tiene
recuperar el diálogo y el cariño con un hijo? ¿Qué
valor podemos adjudicarle a no continuar repitiendo la misma insensatez?
Hay cosas que no tienen precio.
El terapeuta cobra por escuchar, interesarse, por favorecer la construcción
de una realidad más satisfactoria para el paciente. El paciente
paga para que le digan eso que puede escuchar porque paga. Pagar
a un terapeuta por su paciencia, interés, acción terapéutica
y profesionalidad, es una posibilidad que el paciente abre en su
vida para poder sentir, pensar, conmoverse, reírse de sí
y descubrir nuevos modos de existir y narrarse, en un espacio y
tiempo significativos y pautados, por los que entrega un precio
simbólico que le permite decir aquello que solo al terapeuta
dice (“No hablo de esto con nadie”). Afortunadamente
existen los terapeutas: hay fantasías, odios, deseos, historias,
ideas y pensamientos, desesperaciones… de las que es mejor
cuidar a los que amamos y las conversemos y tratemos con el profesional
en el que depositamos, poco a poco, la confianza de estar más
a gusto; hay cierta caca que mejor arrojarla al tacho de la basura
de un terapeuta, decía, palabras más o menos, el gestáltico
Fritz Perls.
Es
claro que vengo haciendo referencia a la consulta privada. Cuando
se trata de una labor de asistencia voluntaria, como la que se desarrolla
en SEFLOR o Sedibac, el encuadre es otro y por lo tanto espacio,
tiempo y dinero se consideran de distinta forma. No se cobran honorarios.
El tiempo, dependiendo qué circunstancias, puede ser otro.
Si hay una gran población de personas a las que tratar, pocos
terapeutas florales y tiempo limitado, los encuentros terapéuticos
se reducen a minutos.
Cobrar
porque se sabe: de técnica y de sí mismo
En
la relación terapéutica se asume que una de las partes
es un paciente, alguien confiado en el buen hacer de otro que sabe
lo que hace (Manrique, 1994). El terapeuta puede cobrar porque ha
desarrollado una habilidad terapéutica en la que ha invertido
tiempo, esfuerzo y dinero. En el caso del Terapeuta Floral Integrativo,
puesto que hablamos sobre una consulta de TFI, está dada
por un conjunto de aptitudes siempre en desarrollo, imprescindibles
para la construcción del rol de terapeuta y necesarios para
responder a la cuestión de la ética asistencial en
las profesiones de ayuda (2) estas son:
Su
formación en Materia Floral: El sistema de Bach, y la familiarización
con otro sistema floral, u otras esencias de distintos sistemas,
es recomendable.
La
experiencia de escuchar y ser escuchado en un grupo formativo de
recursos para la práctica terapéutica floral. El desarrollo
de la aptitud para escuchar lo trivial y lo esencial, lo extenso
y lo profundo se desarrolla escuchando -y dejándose escuchar-
en un grupo de formación que incluya la dinámica terapéutica
grupal. La intervención terapéutica floral es una
acción que puede trasmitirse y aprenderse en un grupo. La
conversación terapéutica floral integrativa (3) se
aprende.
El
desarrollo de su mente a través del estudio de pensadores
orientales y occidentales en materias tales como Filosofía,
desarrollos de la Psicología, Antropología, y otras
ciencias. Basta con tomar nota de la formación humanista
del Dr. Bach, para tomar en cuenta este punto que resultará
fundamental a la hora de tratar con el paciente -en la conversación
y floralmente- la filosofía real (de vida) que subyace a
las situaciones concretas que plantea (Cavallé, 2004).
Su
experiencia como paciente de terapia floral individual. ¿Cómo
sentarse a escuchar y a pensar en un paciente y en su tratamiento
floral asertivo si no se ha pasado por la experiencia de ser escuchado
y pensado por un TFI con experiencia? ¿Cómo acompañar
a un paciente por el sufrimiento de la ignorancia de sí mismo,
si no se ha emprendido viaje similar acompañado? …es
impensable, y además, un desatino ético.
Es
en este punto -y en el próximo- en el que se observa si el
aspirante a TFI cuenta con la virtud terapéutica por excelencia:
la necesaria humildad (afán de reducción egocéntrica
[Verbena]) que le advierta de los riesgos del “ego terapéutico”:
grandiosidad; seducción sexual del paciente; intolerancia,
impaciencia, aburrimiento, falta de curiosidad por su historia,
u otras formas de huída que el terapeuta instrumenta ante
la frustración, el dolor, el miedo o la sexualidad de su
paciente, y que puede resolver en su terapia personal y supervisión.
El terapeuta no podrá producir una conversación terapéutica
con su paciente por sus abismos, si no ha conversado terapéuticamente
de similar manera sobre los propios. Y este último punto,
el del aspirante que atraviesa personalmente la experiencia terapéutica
que desea aplicar, ya está lo suficientemente demostrado
por otras ramas de la Clínica de los afectos: PNL, Gestalt,
Psicoanálisis, Eriksoniana, Pathwork; remito a esas fuentes.
La Terapia Floral Integrativa no es una excepción al “Conócete
a ti mismo” griego, ni de aquello que dice “Comienza
por Freud para llegar a Buda” (Wilber, 1996). Parafraseando
lo anterior yo diría: comienza por saber de ti para saber
del otro que no es tu.
La
apropiada supervisión de su tarea. Es complejo sentarse frente
a un paciente, me refiero a la atención a las múltiples
variaciones de la forma y el contenido de lo que dice. Escuchar
tan extensamente implica permitirse ser perturbado por diversidad
de historias, de sucesos dramáticos, ligeros, enfermedades,
separaciones, intereses, valores y proyectos siempre distintos y
particulares, sexualidad, infidelidad, muerte... En la exposición,
por parte del paciente, de estos y otros temas tan habituales como
intrincados, es frecuente la interrupción de la escucha y
conversación terapéutica floral por parte del terapeuta
debido a desconcierto, a no saber cómo continuar o qué
decir, a la aparición de prejuicios (ideas, propaganda, propias
del ordenamiento social occidental y el modo capitalista [4º
nivel de Wilber, 1996, 1997]), falta de curiosidad, de empatía
que es compasión, o la confluencia excesiva con el paciente
en temas que el terapeuta tampoco ha pensado acerca de sí.
La supervisión de la tarea terapéutica floral integrativa
permite evidenciar y reorientar esas interrupciones facilitando
ideas y esencias florales adecuadas a la dificultad de paciente
y terapeuta floral. Supervisar capacita al terapeuta floral a tomarse
a sí mismo como objeto de su observación y reflexión
continuas mientras promueve el desarrollo de nuevas posibilidades
y recursos terapéuticos que surgen solo si se supervisa.
En definitiva, se aprende a salir creativamente de los despistes
mientras se está un espacio de actualización permanente
e intercambio con otros colegas.
El
espacio
Para
muchos terapeutas florales el espacio de atención a un paciente
es una camilla o un par de sillas con un escritorio de por medio.
En estos casos suele ser que la terapia floral sea usada como complemento
-o practicada desde el encuadre técnico- de otros enfoques:
manuales, naturistas, kinesiológicos, medicina china, etc.
Para el TFI el cara a cara es el encuadre elegido. El modo de establecer
contacto con el paciente es el de un yo y un tú en una conversación
terapéutica que favorece una mayor aproximación, un
activo intercambio visual y un espacio que resuena permitiendo la
intimidad, que es respetuoso de los silencios, que invita a la curiosidad,
y donde es posible la contención del paciente.
Personalmente
conservo la costumbre de la tradición floral: una vela encendida.
El fuego distingue el espacio terapéutico floral de otros
encuadres del espacio utilizado por otras terapias; suelo mirar
la llama de vez en cuando para retomar la atención en mi
centro de gravedad y la armonía necesarios en este trabajo
vocacional de escuchar y encontrar esencias florales.
Gracias
por tu atención.
Por
Susana Veilati,
Terapeuta Floral Integrativa.
Bibliografía:
Bach,
E. Bach por Bach. Ediciones Continente, Buenos Aires 1993.
SEFLOR / Sedibac. Código Deontológico del Práctico
en Terapia Floral. Madrid, 2005
Cavallé Cruz, M. La filosofía, maestra de vida. Santillana
Ediciones, Madrid, 2004
Manrique, R. La psicoterapia como conversación crítica.
Libertarias / Prodhufi, Madrid 1994.
Savater, F. “Ética de la alegría”, en
Despierta y lee. Alfaguara, Buenos Aires, 1998.
Veilati, S. Tratado completo de terapia floral. Edaf. Madrid, 1999.
Veilati, S. El acompañamiento floral de la agonía.
Procedimiento sugerido para el trato con el enfermo terminal ingresado,
la familia, otros asistentes, y los médicos. Boletín
13, SEFLOR, Madrid 2005.
Veilati, S. y “Para una idea de procedimiento de terapia floral
con pacientes psicóticos” (Veilati, 2005). Boletín
14, SEFLOR, Madrid, 2005.
Wilber, K. El proyecto Atman. Kairós. Barcelona, 1996.
Wilber, K. Breve historia de todas las cosas. Kairós. Barcelona,
1997.
Wilhelm, R. El libro de las mutaciones. Editorial Sudamericana,
Buenos Aires 1985
Notas:
(1):
La Terapia Floral Integrativa (TFI) es una forma particular y diferenciada
de realizar la terapia floral que integra en su teoría, formación
y práctica a las corrientes florales clínicas históricas:
La de inspiración en la medicina, enriquecida por Ricardo
Orozco, que escucha y traduce floralmente el síntoma orgánico
y que permite la lectura de las dificultades emocionales y mentales
que el paciente transforma en perturbación física.
La psicológica, que privilegia la escucha, la conversación
terapéutica, la terapia personal del terapeuta floral y la
supervisión clínica de su actividad profesional. Representantes
de esta corriente son Demarchi, Grecco, Stern, Veilati y otros.
La sociológica, que tiene en cuenta el intercambio del paciente
con su cultura, sociedad y medioambiente, que lo cincelan, también,
desde fuera hacia dentro (Niveles 4º y 5º de Wilber [Veilati,
1999]).
La transpersonal, es decir, la terapia floral como vía regia
para la percatación e identificación con los niveles
sutiles de la existencia (Niveles 6º y siguientes de Wilber
[Veilati, 1999])
La
terapia floral dice que las esencias florales son simples. Pero
si las esencias florales son simples, los pacientes -y lo terapeutas-
no lo son. La Terapia Floral Integrativa es una respuesta para solventar
esa complejidad.
(2):
Y que subraya el Código Deontológico del Práctico
en Terapia Floral, de SEFLOR y Sedibac; artículo “5º:
Obligación de Perfeccionamiento: 1. - El Terapeuta Floral
está obligado a la formación continuada para mantener
vivo el espíritu de la Terapia Floral y garantizar al máximo
las prestaciones profesionales”.
(3):
La Conversación terapéutica floral no es una conversación
como la que se tiene con un amigo, una pareja o con un colega de
cursos y congresos. No hay mutualidad en el encuentro, solo el paciente
habla de sí y el terapeuta escucha e interviene cuando lo
cree necesario. En este sentido no difiere de la conversación
convencional con un psicoterapeuta. ¿Podemos hablar de diferencias
entre una y otra? Sí, mencionaré una. La escucha del
psicoterapeuta (que no es terapeuta floral) no incluye espacio alguno
para la formulación de un remedio. En nuestro caso ello es
fundamental. Esta diferencia, la de construir una fórmula
floral en el marco de la consulta, determina modos distintos de
relación, conversación y escucha, entre el terapeuta
floral y su paciente (y por lo tanto, nuevos riesgos). Vemos además,
que la elección vocacional del terapeuta floral de usar esencias
florales, viene acompañada de una intención, idea,
y actitud terapéutica frente a la enfermedad, distintas a
la del psicoterapeuta no terapeuta floral: el terapeuta floral,
debido a la impronta bachiana a la que suscribe irremediablemente,
desarrolla gran sensibilidad frente al dolor; verdaderamente un
sentimiento de caritas anima a la terapia floral. (Estoy diciendo
que el terapeuta floral Integrativo no inhibe su acción frente
al dolor, da un remedio, no considera que esto atente contra el
vinculo -transferencial- paciente / terapeuta …siempre y cuando
haya pensado sobre este punto en el que pueden deslizarse, efectivamente,
rastros egocéntricos de mágica grandiosidad terapéutica).
Esto evoca en el terapeuta floral un ideal muy empático de
relación terapéutica con el paciente. Esta diferencia
de ideal de rol terapéutico entre el TFI y el psicoterapeuta
convencional, se pone en evidencia por ejemplo, cuando el primero
trata (escucha) el padecimiento orgánico de su paciente.
La conversación y escucha floral integrativa se detiene muy
especialmente en el cuerpo porque sabe que los síntomas orgánicos
son nicho de importantes distorsiones o “desequilibrios emocionales”.
Hay que tratarlos con esencias florales. Una forma de hacerlo es
interpretar los síntomas orgánicos desde el marco
conceptual de los P.T. (el modelo propuesto por E. Grecco, es igualmente
interesante, aunque tengo menos experiencia en él), y ve
cuáles de estas interpretaciones o Patrones transpersonales,
reflejan isomórficamente lo que el paciente va diciendo acerca
de sus dificultades cotidianas e históricas; es en la coincidencia
de ambos -PT y narración de sí- donde se revelan esencias
de gran importancia para el paciente. Estas son particularidades
de la escucha y de la conversación terapéutica floral
integrativa absolutamente ajenas a la conversación psicoterapéutica
y a otros modelos terapéuticos de conversación…
pienso en el psicoanalítico o en el gestáltico, por
ejemplo.
FUENTE:
Escrito cedido amablemente por la autora, fue previamente publicado
en el BOLETÍN Nº 13 de SEFLOR, Madrid 2005.
ENLACE
a la web de Susana Veilati (ESCUELA ESPAÑOLA DE TERAPIA FLORAL):
http://www.susanaveilati.com